Libertad

Bienvenidos a mi pequeño espacio de Luz!

Un espacio de expresión tanto mío como de ustedes amigos!...
Gracias por estar ahi; Y Siempre busquen la verdad!

Namasté!







martes, 18 de mayo de 2010

SONIDO, RITMO Y CONCIENCIA


Holaaaaaa!!!!
Quiero compartirles algo que un buen amigo me compartió
y me gustó mucho. Este amigo se llama Marcelo
 y es músico; no creo que se moleste con ésta idea.
La información proviene originalmente
de un autor llamado Temakel.
Espero les guste:

La exteriorización más espontánea del hombre
se manifiesta bajo el aspecto RÍTMICO.
El sentido humano del ritmo es una disposición
intuitiva, a través de la cual agrupamos ciertas
impresiones sensoriales
recurrentes, vividas y precisas.
Este proceso se fundamenta en la capacidad
subjetiva de reagrupar latidos en estructuras
con absoluta y perfecta precisión de células rítmicas.
Dependemos del ritmo para pensar, sentir, movernos
o actuar en forma eficaz y fluida,
así como para percibir adecuadamente
los estímulos exteriores y reaccionar ante ellos.
La Música y el Ritmo no son más que espejos
de las estructuras cósmicas, por eso constituyen
una importante vía para reconectarnos
con los orígenes más distantes y remotos.
Antes de que nosotros toquemos ritmos,
los ritmos nos tocaron a nosotros.
La estructura basal de la música es similar
a cualquier estructura basal de elementos científicos.

Todo el Universo es vibración, que según su orden
de frecuencia -cantidad de vibraciones por segundo-
se presenta en luz, color, sonido y forma,
respetando el orden de aparición.
En un altísimo grado de aceleración vibracional se halla
oscuridad que se convierte en luz; en una frecuencia menor,
las sombras luminosas generan color, los colores
se transforman en sonidos; y los sonidos crean formas
más o menos duraderas.
Estos diferentes estadios de densidad reproducen la
manifestación de este planeta y los orígenes de la materia.

El sonido percibido por el ser humano es de una gama
de frecuencias localizadas entre 16 y 20.000 Hz
(frecuencias sónicas), banda relativamente pequeña
-dentro del espectro de ritmos universales-
que a partir de nuestro aparato perceptual
decodificamos como "sonido".
Hay otros animales que perciben bandas mayores
(el silbato para perros es inaudible para nosotros).
Por debajo de 16 Hz hay frecuencias subsónicas
inaudibles, que son tan lentas que no se miden
en ciclos por segundo, sino en segundos por ciclo;
las frecuencias ultrasónicas, también inaudibles
para nuestro oído, nos afectan de formas aún
NO conocidas. Las frecuencias extremadamente altas
fluctúan de centenares a millones de ciclos
por segundo y pueden percibirse en forma de calor
en la piel, por lo que se denominan térmicas.
En una nota grave de un órgano de catedral
(de aprox. 16 a 30 Hz) los pulsos se sienten claramente
en nuestro cuerpo, sobre todo en el plexo solar -zona
de resonancia de las bajas frecuencias-,
percibiéndose como "motor" o instrumento
de percusión, granuloso y alternante.

Nuestro comportamiento es una ondulación constante
porque estamos formados por corpúsculos ondulares.
La materia no es "sólida", sin movimiento y ni vibración;
todo vibra rítmicamente. Si miramos nuestra sólida piel
en un microscopio electrónico, descubrimos que existe
un mundo de apariencia acuática que se mueve
rítmicamente en una inacabable danza de la vida.
Cuanto más nos aproximamos dentro de las moléculas,
descubrimos nuevas partículas danzantes y
más pequeñas: protones, positrones, electrones,
neutrones, quarks. Todo se disuelve en formas y vacíos,
en pautas y estructuras.

Una de las funciones del ritmo en nuestro organismo
es la integración de sus distintas partes y la armonización
con los pulsos exteriores.
Ejecutamos una continua música en nuestra vida
y por una tendencia innata, tendemos a la consonancia
en contra de un desorden disonante.
Nuestra orquesta cerebral, cuando actúa afinada,
nos proporciona la conexión de nuestros pensamientos
 y actos con la ley gravitatoria terrestre y con
el equilibrio como estructura unitaria expansiva
de la conciencia, a través del sistema vestibular.
El ritmo es el equilibrio que permite expresar
lo inexpresable y sostiene nuestras emociones;
es la base de todo movimiento humano en el espacio,
incluyendo la música.
Desde el pulso de nuestros silencios y sonidos,
al equilibrio de la sangre entre acidez y alcalinidad,
o la relación complementaria orto y parasimpática del
sistema nervioso, estar en equilibrio es respetar la dinámica
rítmica universal y el mensaje del cuerpo conciente.

En las palpitaciones de nuestro corazón,
en el acto respiratorio o en la marcha regular,
todos poseemos la capacidad expresiva
de impulsos perfectos en un equilibrio eterno.
Nuestra misión consiste en unirnos a ese pulso y
acompasarnos plenamente con el tiempo presente.
"El profano mira -El sabio ve-
El liberado percibe el ritmo de los ritmos". (1)

Vivimos en una sonósfera, en mayor o menor grado
existe un "murmullo general" constante a nuestro alrededor,
un mundo sonoro que nos envuelve, rodea y acompaña,
que percibimos en forma automática y pretendemos
desterrar de nuestros oídos.
Por supuesto, no lo logramos y nos sometemos
a una lucha permanente con el mundo exterior.
De todas las experiencias que nos afecten, el olor
y el ruido son las dos más difíciles de resistir y evitar.
Podemos cerrar los ojos, negarnos a comer algo o
a tocar una cosa, pero los ruidos o cerrar la nariz
a los olores nos costará mucho trabajo.

El oído es un órgano receptor asociado con la orientación
general del cuerpo, el sentido del equilibrio, la orientación
espacio-tiempo, el control de los movimientos
y la acción corporal. Constituye una vía preponderante en
el ajuste del organismo a su medio.
Pese a que no nos detenemos a escuchar,
nuestra sonósfera nos implica y afecta poderosamente.
Nos conmueve por entero, física y mentalmente.
Fuertes conexiones neuronales ligan al oído
y los centros superiores del cerebro humano.
Desde el punto de vista cibernético, las energías
 provenientes del mundo circundante -constituídas
por vibraciones, reacciones químicas y/o fenómenos
físicos impresionan nuestros circuitos estereoreceptores
y a través de los transductores (convertidores
de energía) los transformaron a la forma "eléctrica".

Los estímulos que actúan sobre el oído
se denominan fonones -del griego "fonos" sonido-,
pero como veremos más adelante, las vibraciones
sonoras nos afectan por entero; todo nuestro ser
es un instrumento de resonancia.
Escuchar el entorno es escucharse por dentro.
Constituye un conocimiento vital y revelador:
transforma la audición conciente en conciencia.
Si algún día pretendiéramos modificar los continuos
y variados "ruidos" que nos circundan,
previamente deberíamos conocer el ecosistema sonoro.
Escuchar el entorno es una sencilla forma de
meditación o toma de contacto con la realidad.

Meditamos cuando permanecemos en
estado de pensamiento puro,
diferenciado de las experiencias condicionadas anteriores.
Muchas veces confundimos al mundo real, con
lo que pensamos o hablamos a través de sus símbolos.
Percibimos auditivamente y con nuestro sistema
simbólico, decimos: -Ahá, "escucho" a un niño jugando
con una pelota...
Y en realidad, lo que registramos es una variada
sucesión rítmica, de tiempos y cadencias multiformes.
Pam pam pammm Bum bun bunbun pam pa
tán túm dum pam pam tuctuctuc ss.
Pensemos cuántas veces nos silenciamos interiormente
e interrumpidos el "parloteo" incesantemente
que resuena en nuestras cabezas.
Nos encontramos tan llenos de palabras, que los sonidos
puros y reales no tienen espacio en nuestro ser.

Es por eso que tantos maestros y filósofos nos hablan
de cierto estado de vacio-vacuidad-, como sinónimo de
sabiduría y apertura. Con un vaso colmado,
no pretendamos tomar agua de la fuente
del conocimiento. Vacuidad. Quietud.
Abierta actitud de escucha. El sonido es conciencia,
Energía en vibración.
Cuando un cuerpo en vibración emite sonido
hay energía en movimiento. Emite energía.
Sonido es una forma de energía en vibración o pulsación.

Isaac Newton designó el fenómeno característico del sonido
como "pulsus" y pulso. El término pulsus derivó en pulsación.
"Los sonidos no son otra cosa que pulsaciones del aire"
Onda, pulsación, vibración, materia sonora, y últimamente
conciencia sonora, son diferentes nombres utilizados
para designar fenómenos similares.
Si una cuerda (de guitarra o violin) se aparta de su
posición y después se suelta, entra en vibración,
se ha producido un sonido.
Los sonidos producidos por la voz son
debidos a la vibración de las cuerdas vocales.
Si se golpea un vidrio o una campana de cristal también
se producen y perciben, vibraciones y sonidos.

En la actualidad tomamos a la energía como un principio,
sin poseer definiciones de su esencia primordial.
Se habla de la energía, sin conocer su verdadera
significación. La energía es uno de los principios
fundamentales del Universo. Hay energía en todos
los procesos vitales, en nuestros movimientos,
sentimientos, acciones y pensamientos.

La electricidad, el viento que sopla, el río que corre,
las lluvias torrenciales, todo es energía; pero sus formas
de manifestarse son variadas y distintivas.
Las estructuras internas de toda clase de objetos
y sustancias no son otra cosa que combinaciones
de diferentes clases de movimientos o energías.
Cuando nuestra totalidad se haya básicamente
"armonizada", las energías de una expresión
artística musical provocan respuestas o resonancias
en nuestra singular conformación.
Tanto el organismo humano, como la música,
son configuraciones energéticas con cierto grado
de estructuración, que pueden inter-relacionarse
mutuamente. El caudal energético contenido en
una obra musical, actúa como acorde dinámico,
producto del ser humano que lo elaboró en consonancia
con sus propios valores. La música encierra
los misterios nunca revelados de la estructura energética
cósmica, a través del reflejo de la dinámica
biopsicoenergética del compositor-creador.

En el proceso de audición de una buena interpretación
-que respete las pautas singulares de creación de la obra-
además del fenómeno estético o sensorial acústico,
se desata un contrapunto energético de alta movilización,
en un fenónemo de expansión de la conciencia.
Desde un punto de vista estructural, el organismo
es un conjunto de partes o elementos resonantes.
Cada órgano posee -en relación a su morfología
e histología- una condición de vibración o de máxima
resonancia en determinada frecuencia (altura)
convirtiéndonos en posibles acordes o complejos sonoros.

En las ceremonias de los pueblos muy primitivos,
se utilizaban las series pentatónicas -de 5 sonidos-,
y las órdenes monofonal, bifonal, trifonal y tetrafonal
para armonizar resonantemente al músico y al oyente.
En Grecia, la escala dórica -que comienza con Mi, plexo
cardiaco- era utilizada para educar la parte emocional
del ser humano. La serie frigia -que comienza en Re,
glándula hipófisis- era utilizada para educar y desarrollar
la parte mental, fundamentalmente el poder del
pensamiento. La escala lidia -que comienza en Do,
glándula pineal, nivel coronario- era utilizada para
desarrollar la intuición superior.
De forma similar se utlizaba la música en China,
en donde Confucio consideraba a la música una parte
integral de su sistema, un medio para proveer
la necesaria disciplina y corrección moral,
basando las líneas melódicas en fórmulas matemáticas,
y no en meras improvisaciones.

En nuestras ciencias exactas, energía es toda causa
capaz de transformarse en trabajo, pero en la concepción
cosmogónica china la Energía Cósmica Primaria
es origen de todo lo existente, y se presenta bajo
dos aspectos antitéticos -el Yin y el Yang- que actúan
recíprocamente. Para el pueblo chino, la música que
se desarrolla y perdura con éxito se halla en acuerdo
perfecto con las leyes de la naturaleza, con el Tao,
con la oposición complementaria, no dualista,
y en equilibrio Yin y Yang.
La energía (Chi o Ki) intrínseca es el soplo,
el aire, la vida, la fuerza, el soplo vital.
En el So Quenn Nei ching se hace mención a la energía
del cielo (lang), de la Tierra(Inn), la energía nutriente
pura (Iong) y la energía impura (Oé).
La energía Iong circula por los meridianos,
vectores o conductos reales de la Energía, y la energía
Oé circula por la carne.

Los chinos admiten 3 fuentes básicas de energía que
gobiernan al hombre. La energía ancestral
contenida en las gametas que dieron lugar al huevo
fecundado. La alimentación, energía concentrada
en los alimentos que proviene del sol.
La respiración, que semejante al prana de los hindúes,
posee en el aire un contenido energético.
Para la filosofía del Vedanta, así como
para la del Samkhya, el prana representa la energía vital:
la punica realidad existente es la Energía única, esa
realidad concreta sobre la que se asienta el sistema
cósmico y humano: la Conciencia Pura.
Esta conciencia Pura circula por canales -nadis-
que en su recorrido presentan núcleos
o concentraciones llamados chakras.



Fuentes de las citas: (1) Carlos G. Fregtman, El tao de la música, Buenos Aires, editorial Estaciones, 1994, p.28-30.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada